jueves, 18 de noviembre de 2021

La Sensibilidad de la Economía Peruana ante la Gran Depresión

La economía peruana siempre se ha caracterizado por ser algo frágil ante acontecimientos externos. Una prueba de ello es lo que sucedió durante la ocurrencia de la Gran Depresión. Para el año 1929, Augusto B. Leguía era el presidente del Perú y debido a los múltiples préstamos que realizó, se terminaron agotando los recursos de un Estado que no aumentaba sus ingresos, por lo que las repercusiones fueron catastróficas. Un detalle poco conocido fue que la crisis causó el aumento de la migración; al Perú llegaron un gran número de austriacos, lo que provocó que el gobierno implementara leyes que regulen la entrada de extranjeros. La principal manera en la que se manifestó la crisis fue en la caída en el precio de las exportaciones, en la interrupción del flujo de préstamos, en la caída de precios internos y en una deflación. Incluso provocó la quiebra del banco más importante de Perú en esos tiempos, el Banco del Perú y Londres, en octubre de 1930. Un aspecto de suma relevancia fue el derrumbe de los precios de las materias primas en el comercio mundial como el cobre, azúcar, plata y algodón. Todo esto logró reponerse para el año 1933; sin embargo, nunca llegaron a restaurarse por completo. Otro efecto que tuvo la crisis en el Perú fue un incremento en el desempleo en los sectores de exportación, especialmente en la minería; en el año 1932 se desempleo a más de la mitad de toda la fuerza laboral. También hubo desempleo en las plantaciones y refinerías azucareras. Por otro lado, los ingresos del gobierno y fiscales fueron gravemente afectados por la crisis que tuvo inicio en 1929, por lo que el gobierno terminó por suspender el servicio de la deuda externa para el año 1931. En adición, otra de las consecuencias de la crisis fue reducir la dependencia del crédito externo para las finanzas públicas. Lamentablemente, las consecuencias mencionadas sólo fueron la mitad de las que terminaron siendo, el Estado tenía cada vez el panorama más difuso. Sin embargo, durante la crisis de 1929, se decidió contratar a un grupo de expertos financieros, bajo la dirección de Edwin W. Kemmerer, para que realizaran recomendaciones sobre las medidas que deberían tomarse para remediar la crisis económica. La presentación de las recomendaciones se llevó a cabo en abril de 1931 y fueron específicamente once: Ley de impuesto a la renta, Reorganización de la Contraloría General de la República, Ley General de Bancos, Establecimiento de una contribución predial a ser cobrada por los Consejos Provinciales y Distritales, Creación del Banco Central de Reserva, Ley de aduanas, Informe anual sobre el crédito público, Ley orgánica de Presupuesto, Ley de reorganización de la Tesorería Nacional, Ley monetaria e Informe sobre la política tributaria del Perú. A pesar que Kemmerer enfatizó que se debían aplicar los once planes en conjunto, el gobierno eligió implementar solo tres: Ley de Bancos, Creación del Banco Central de Reserva y Ley monetaria. Se desconocen los motivos por los cuales se tomó tal decisión, pero lo que sí se tiene claro es que esa decisión define totalmente a la sociedad peruana. Han pasado casi 100 años de aquella crisis y se puede decir con orgullo que la economía peruana ha progresado muchísimo. No obstante, no se puede decir lo mismo de la sociedad peruana.

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